Llevo algunos años pudiendo tomarme vacaciones de invierno, tal como se hace cuando uno va al colegio.
No son tres semanas, claro. En esta ocasión es solo una. Pero el hecho de detenerse y ponerle pausa a esta vida tan acelerada, es inmensamente satisfactorio.
Siempre tengo la sensación de que la mitad del año es una especie de reinicio. Quizás porque cumplo años por estas fechas, o quizás por lo que significa el año nuevo mapuche. Me hace mucho sentido: el solsticio de invierno marca el día más corto del año, y a partir de ahí, la luz comienza a volver. Todo empieza de nuevo.
Hoy me tomo esta pausa como un ritual. El pequeño descanso, el respirar hondo y el reinicio.
El ejercicio de escribir todos los días me permite justamente eso. Me ayuda a revisar mis ideas, ordenar la cabeza y afinar la puntería para mejorar en la vida y en las ventas.
Por eso, y para honrar este descanso, esta semana pausaré la venta de mis productos.
Pero tranquilo: no pausaré la vida, ni la escritura. Seguiré escribiendo cada día.