Hoy viajamos a despedir a la mamá de una gran amiga.
La conocí por mi mujer. Compartimos una infancia parecida, aunque de eso no te voy a dar detalles.
De joven repartía el tiempo así: primero el trabajo, después la familia, y si quedaba algo, los amigos. Nunca quedaba nada.
Hoy manejamos varias horas para acompañarla en su peor día.
Y no lo dudamos ni un segundo.
Eso aprendí ya grande, y hoy lo agradezco: darle tiempo a los amigos no es un lujo, es lo que sostiene una vida plena.
Dale tiempo a un amigo hoy. Antes de que sea tarde.