Cada vez que me siento a escribir, me es inevitable mencionar a mi padre. Fue, sin duda, el mejor maestro de los negocios y de la vida que pude tener.
En los años 80, la economía era precaria, y cuando el viejo se compró su famoso Fiat, tuvo que repararlo entero. Los recursos para "tunear" un auto (como se dice ahora) casi no existían, pero él siempre se las arreglaba.
De alguna manera, yo siempre terminaba involucrado en sus empresas. Un día simplemente me dio la instrucción: "Mañana iremos a arreglar el piso del auto, me conseguí un latón de acero para reforzar las partes carcomidas por el óxido".
¿Partes? El piso del auto era un verdadero cráter. Casi hubo que reemplazarlo completo.
Recuerdo que era verano. Mi papá consiguió con un amigo ocupar el taller de reparaciones del Hospital Sótero del Río. Ahí nos encontramos con un hombre de aspecto delgado, arrugado y quemado por el sol. Llevaba un overol que tenía un millón de manchas y cientos de pequeños orificios quemados por las chispas.
Pero ese hombre era un verdadero artista a la hora de soldar al oxígeno.
Era la primera vez que escuchaba que esa técnica existía. Era genial. Este tipo de soldadura permitía terminaciones mucho más delicadas. Era un espectáculo ver al hombre hacer su trabajo, fundiendo el metal con una precisión quirúrgica.
¿Qué hacía yo ahí? Nada. Solo mirar y cooperar en lo que me pidieran.
Estuvimos en eso una semana, desde las 9 de la mañana hasta las 3 de la tarde. Varios días tuve que quedarme solo con el amigo y el soldador porque mi viejo tenía que ir a trabajar y volvía a buscarme más tarde.
Recuerdo haber almorzado un par de veces solo una marraqueta y una Fanta bien fría. Todavía tengo el recuerdo exacto de esa mezcla. Fue una experiencia tremenda.
En las ventas pasa exactamente lo mismo.
Ese soldador no tenía traje ni un taller de lujo, pero sabía aplicar el calor exacto para unir dos piezas a la perfección.
Para vender no necesitas páginas caras ni sonar como gerente corporativo. Solo necesitas dominar tus palabras para aplicar el "calor" correcto en la mente de tu cliente y cerrar el trato.