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Un cototo del porte de un damasco en el Hiper Líder

18 de julio de 2026

Tenía 25 años. Era un cabro chico cuidando niños más chicos. Mi hija mayor tenía 6 y la del medio apenas 3 años.

Haciendo la compra del mes en los interminables pasillos de un Hiper Líder, no se me ocurrió nada mejor que jugar a las carreras con el carro con mis dos hijas arriba.

En uno de esos empujones para subirme al carro en movimiento, perdí el equilibrio.

El carro se volcó de lado.

Mi hija mayor salió volando. Pero la peor parte fue la de la chica: iba atrapada en la "silla" metálica y azotó su cabeza directo contra el suelo.

Estalló en llanto. La levanté y en su frente ya asomaba un cototo del porte de un damasco. Estaba aterrado. La mamá de las niñas y mi hija mayor me seguían mientras yo corría desesperado buscando la salida. Los guardias intentaban ayudarme, pero el miedo y la vergüenza me hacían apurar el paso para llegar al auto y partir volando a la clínica.

Hoy veo a los padres novatos tan aprensivos y agradezco que mis hijos sigan vivos. Aprendí a ser papá a porrazos, y creo que nunca terminé de aprender del todo.

En los negocios es calcado.

Veo a emprendedores ultra aprensivos. Pasan meses devorando manuales de marketing, paralizados por miedo a molestar, a equivocarse o a cobrar caro.

Pero en las ventas se aprende igual: a puros porrazos en la calle. No hay teoría que te salve del primer golpe. O juegas el juego real o te quedas de espectador.