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Un bidón de parafina de 25 litros y el precio de sentirse útil

1 de julio de 2026

Este fin de semana vinieron de visita mis sobrinos de 7 años.

Para entretenerlos, apliqué las mismas técnicas que usé con mis hijos, y que mi viejo usaba conmigo. Les enseñé a jugar Carioca y les conté anécdotas de mi infancia, mientras les pedía pequeños favores en la casa: darle comida a las perritas, levantar la mesa... cosas simples.

Verlos ayudar tan felices me hizo recordar las veces que mi mamá me mandaba a comprar.

O esa vez épica que mi viejo me mandó a comprar parafina con un bidón de 25 litros. Tenía que caminar 40 minutos de ida hasta la bomba con el bidón vacío. La plata estaba tan justa, que solo alcanzaba para pagar el colectivo de vuelta con el bidón lleno.

Alguien hoy podría pensar que era un abuso, pero yo no lo sentía así. Al contrario, me sentía inmensamente útil por poder cooperar en mi casa.

Al final del día, estas son las vivencias familiares que le dan sentido a todo. A la vida, a los negocios, al trabajo.

Nos sacamos la mugre construyendo empresas para tener los recursos y el tiempo que nos permitan disfrutar de estos momentos que no tienen precio.

El problema es que muchos dueños de negocios arman sus empresas buscando esa libertad, pero terminan en la trampa.

Viven cargando un bidón de 25 litros todos los días, caminando cuesta arriba, intentando conseguir ventas a la fuerza y sin plata para el colectivo de vuelta. Su negocio les roba la vida familiar en lugar de dársela.

Si quieres que tu empresa te dé tiempo en lugar de quitártelo, tienes que aprender a vender sin desgastarte.