El gerente de la Imprenta más grande de Latinoamérica me lo advirtió: "No se vaya a esa empresa, va a volver pidiendo trabajo con nosotros".
No se equivocó. Duré un año en la competencia. Me despidieron.
Estuve 6 meses cesante. Terminé manejando aquel radio taxi. Si no conoces esa historia, te la cuento otra vez (ja ja).
Eran las 2 de la tarde de enero del 99. 35 grados. Yo estaba sudando en ese auto, esperando una carrera por la radio, sintiendo que había tocado fondo. Lo hacía pésimo porque no me gustaba.
Yo venía de un mundo de impresoras, troqueladoras, diseñadores y olor a tinta. Las Artes Gráficas. Yo tengo alma de artista y ese era mi hábitat. El taxi era solo supervivencia.
De pronto, sonó el teléfono.
Era ese amigo al que yo había empujado a ventas años atrás. Ahora él estaba bien posicionado en una nueva empresa y se acordó de mí.
—"Hay una posibilidad, Jaime. Es un cargo pequeño, asistente del asistente, pero es tuyo si lo quieres".
No lo dudé. Volví a entrar desde abajo, pero volví a mi mundo.
¿La lección de hoy?
- Nunca subestimes a quién ayudas: empujar a mi amigo a ventas me salvó años después.
- Zapatero a tus zapatos: cuando haces algo que odias (como yo en el taxi), eres mediocre. Cuando estás en tu elemento (como yo en la gráfica y las ventas), eres imparable.
Si sientes que tu producto es excelente pero tu comunicación parece la de un "taxista aburrido" en lugar de la de un experto, tenemos que hablar.