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Te estoy afirmando

29 de octubre de 2026

Me acordé de cómo me enseñó mi papá a andar en bici.

Cuando era chico, las bicicletas eran de los grandes. Mi viejo tenía una y mi mamá otra. Así que cuando aprendí, tuve que hacerlo con la de mi mamá, que era más pequeña.

Mi viejo, de la vieja escuela, no tenía mucha paciencia. El aprendizaje era un curso intensivo:

Vamos a la calle. Súbete. Yo te afirmo de atrás.

No había rueditas laterales de apoyo. No había vueltas interminables. No había mucha paciencia.

Un par de instrucciones más: no mires la rueda, concéntrate, mira para adelante y pedalea.

Te estoy afirmando.

Te estoy afirmando.

Te estoy afirmando.

A la quinta repetición, esa frase ya se sentía más lejos.

Y sí, ya no me estaba afirmando.

Eso sería todo. El resto corría por mi cuenta.

Era caerse para doblar. Caerse para detenerse. Caerse hasta dejar de hacerlo.

El aprendizaje es sencillo de analizar: hazlo ya, concéntrate, no mires la rueda, equivócate, repite.

Es simple y se aplica a todo.