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Si todo fuera precio, andaríamos todos en el mismo auto

14 de agosto de 2026

Hoy me escribió un cliente.

Corto, nada del otro mundo. Me contaba que las cosas iban bien, que partieron una exportación importante para ellos.

Y que nosotros estábamos adentro.

No éramos los más baratos. Casi nunca lo somos.

Hay una tortura que conoce todo el que emprende: perder un negocio porque el otro tiró un precio más bajo. Uno se queda dando vueltas pensando que si hubiera bajado treinta lucas, la pega era suya.

Pero si el precio fuera lo único que manda, nadie compraría ropa de marca. Nadie andaría en un auto caro habiendo autos baratos que hacen exactamente lo mismo: llevarte de A a B.

Con este cliente no ganamos por baratos. Ganamos porque contestamos rápido, porque escuchamos lo que necesitaba de verdad, y porque lo cumplimos.

Suena simple. Casi nadie lo hace.

Las rebajas del otro no se van a acabar nunca. Van a estar ahí mañana y pasado. Lo único que uno puede entrenar son dos cosas: escuchar bien y saber contar lo que hace mejor que el resto.

Y eso no se improvisa el día que te piden la cotización.

Recién le estamos poniendo metrónomo a esto en la empresa y ya se nota. Escribir todos los días es el mío.