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Si te vas a tirar, que sea un piquero

31 de agosto de 2026

  1. Último día de piscina en la Papelera.

En verano el panorama era ir a la piscina de la Papelera, abierta solo para los empleados y sus familias. A mi viejo le daban los tickets para todo el verano. Fuimos incontables veces. Unos sanguchitos y a pasar el día entero. Nos íbamos caminando, ida y vuelta. Era genial.

El 5 de marzo era el último día de temporada.

La piscina era olímpica, con un trampolín de tres metros, sin tabla. Justo ahí tenía tres metros de profundidad. No se usaba casi nunca —las visitas eran familiares— pero se estilaba que el último día lo autorizaran.

La gente se tiraba de todas las formas posibles. Los más osados, piqueros.

No sé qué se me pasó por la cabeza, pero le dije a mi papá sin titubear: papá, quiero tirarme por el trampolín.

Me miró y me dijo: si te vas a tirar, tiene que ser un piquero.

Ahora que lo pienso, eso pudo salir muy mal.

Pero me lancé. Entré clavado en el agua, con una pequeña desviación, y me introduje tan profundo que cuando quise subir la cabeza ya estaba muy abajo. Volver a la superficie me pareció una eternidad.

Fue una experiencia extraordinaria. La repetiría mil veces.

Estoy convencido de que atreverse y arriesgarse es la clave del aprendizaje y del crecimiento. Sin eso, todo tarda más, o derechamente no llega.

Escribir correos distintos y persuasivos, cambiar el tono, es arriesgarse a que a más de alguno no le guste. Pero seguro va a ser más seductor que uno plano.

Si te vas a tirar, que sea un piquero.