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Si mi madre lo hubiese hecho hoy, estaría funada en las redes

12 de mayo de 2026

En tercero básico yo era un niño extremadamente tímido.

Unos compañeros un poco mayores me tenían en la mira: me molestaban y me amenazaban con pegarme. Lo que hoy llamamos bullying, pero que en esa época era "cosa de niños".

Mi madre era una mujer muy joven. Me tuvo a los 19 años, así que en ese entonces era prácticamente una niña ella también. Era nuestra compañera de juegos, pero tenía un carácter que no conocía las medias tintas.

Un día, camino al colegio, divisamos al chico que me molestaba. Se lo dije a ella en voz baja, esperando que buscara a los padres del niño o que pidiera una reunión en la dirección. Lo que uno espera de un adulto "responsable".

Me equivoqué de medio a medio.

Mi mamá se acercó al tipo, lo miró fijo a los ojos y soltó una amenaza directa, seca y sin anestesia:

"Pobre de ti que te vuelvas a acercar a mi hijo. Si lo haces, te las vas a ver conmigo".

Yo quedé congelado. No era lo que esperaba. El chico, por su parte, quedó tan aterrado que nunca se lo contó a nadie y, por supuesto, nunca más me puso un dedo encima. Su estrategia funcionó a la perfección.

Hoy, si una madre hace eso, sale en las noticias y la funan en todas las redes sociales por semanas. Pero ella, en su juventud indomable, no encontró mejor manera de defenderme que yendo de frente.

Mi vieja fue siempre así: directa, sin rodeos, sin miedo al conflicto si la causa era justa. Se fue pronto, pero su ejemplo de "ir al frente" sigue vivo en cada decisión que tomo.

En los negocios pasa lo mismo. A veces damos mil vueltas para enfrentar un problema, buscamos la diplomacia extrema para no incomodar o esperamos que el conflicto se solucione solo por arte de magia.

Perdemos tiempo, plata y salud mental tratando de ser "políticamente correctos".

Pero la mayoría de las veces, lo único que funciona es marcar la línea, hablar claro y enfrentar la situación de cara. Sin medias tintas.