Tengo 54 años. Bueno, casi: los cumplo en junio.
Para muchos, a esta edad uno debería estar pensando en cómo bajar el ritmo, no en empezar proyectos nuevos o cambiar de piel profesional.
Pero siempre me he fijado en esas personas que sacan una carrera universitaria a los 60 o 70 años. ¿Tú crees que ellos se matricularon porque estaban "100% listos"?
Ni de broma. Lo hicieron con dudas, con miedo y probablemente sintiéndose fuera de lugar. Porque sabían que si esperaban a estar listos, no lo iban a hacer nunca.
Hay una frase en latín que suena a cliché, pero en los negocios es matemática pura: "Initium est dimidium facti" (comenzar la obra es la mitad de la obra).
Empezar sin estar listo no tiene absolutamente nada de glamoroso.
Es un camino lleno de baches, de frustraciones y de momentos donde te miras al espejo y te preguntas: "¿En qué diablos me metí?".
Pero ahí está el secreto mejor guardado de los que logran objetivos: soportan la incomodidad. El que actúa mientras duda, se queda con el mercado. El que espera a que todo sea perfecto, se queda en la sala de espera.
¿Por qué te cuento esto hoy?
Porque en la comunicación de tu empresa te pasa exactamente lo mismo. Pierdes semanas esperando tener la web perfecta, el diseño impecable o el "momento ideal" para salir a vender o enviar ese correo a un prospecto difícil. Estás esperando a "estar listo".
Yo te puedo guiar para destrabar eso.
No me pongo el traje de gurú intocable. Te puedo guiar porque llevo 35 años transitando ese camino de la venta real, y porque tengo la piel lo suficientemente gruesa para transitarlo de nuevo, hoy mismo, en mi propio negocio. Los resultados siempre son el mejor relato.