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Servicio militar a los 6 años

5 de mayo de 2026

Corría el año 1978.

Mi madre había alojado a su hermano menor en casa. Él no tenía adónde ir, era muy joven, y para mi hermana y para mí se convirtió en una especie de hermano mayor.

Pero se tuvo que ir al servicio militar. Por el contexto político de aquella época, la instrucción se alargó y no volvió hasta 2 años después.

Recuerdo que cada vez que llegaban sus cartas, el llanto en casa era inevitable. Lo extrañábamos mucho.

Cuando por fin regresó, cruzando la puerta, mi felicidad fue absoluta. Se veía distinto: más adulto, flaco, bronceado. Seguro pasó por muchas cosas duras.

Pero traía dos cosas que jamás olvidaré: raciones de comida militar en lata y un arsenal de historias.

Me encantaba el sabor de esa comida en lata. Y te aseguro que no era por la receta del ejército; sabían ricas por el condimento de sus relatos.

Un día me levantó de madrugada. Me llevó a hacer ejercicios: me hacía bajar a un hoyo, trepar, hacer lagartijas... me trató como a un pequeño recluta.

Al volver a casa, me empezó a doler el estómago. Yo, por timidez, no le decía nada a mi mamá, pero ella se dio cuenta.

Asustada, me tocó la panza y le preguntó a su hermano: "Andrés, ¿qué le diste de comer al niño? Le duele la guatita".

Él soltó una carcajada y dijo: "No es la comida. Es que hicimos muchos abdominales".

Fue lo más cerca que estuve de la instrucción militar en mi vida.

Hoy, a mis cincuenta y tantos, entiendo la verdadera lección detrás de esa anécdota.

Mi tío se tragó 2 años de servicio militar forzoso en un contexto país tremendamente tenso y complejo. Tenía todas las excusas del mundo para volver amargado, quejándose y contándonos historias calamitosas.

En lugar de eso, eligió mantener su alegría. Eligió hacerme el niño más feliz del mundo, convirtiendo unas latas frías y un dolor de abdominales en una aventura inolvidable.

Así es como me tomo la vida hoy. Y así es como entiendo los negocios.

Abre LinkedIn o habla con cualquier empresario hoy. El 90% te cuenta calamidades: la economía, el gobierno, los clientes que no pagan. Venden amargura.

El otro 10% hace lo de mi tío. Agarran su realidad (sus latas frías), le ponen una actitud inquebrantable, una buena historia comercial, y logran que su cliente disfrute la experiencia.

Ese es el camino, como lo veo yo, claro.