Cuando nos mudamos a la casa que hoy es nuestro hogar, hace ya 8 años, me enteré de cuánto odiaba los ratones mi mujer. Es su única y gran fobia.
En ese tiempo todavía no teníamos gatos. Un día estábamos a punto de salir, cuando veo de reojo por la ventana que el gato del vecino traía un ratón en el hocico.
Mi señora no lo vio. Me apresuré a sacar el auto, rezando para que el gato se fuera.
Pero no se fue. Se instaló en el patio con el ratón aturdido a su lado.
Tenía que actuar rápido antes de que ella viera la escena y se desatara el apocalipsis. La dejé esperando en el auto con una excusa: "Espera, creo que dejé la puerta de la cocina abierta".
Entré corriendo y ahí estaban. El ratón mareado sin poder escapar, y el gato mirándome con cara de "mira el regalo que te traje".
Tenía pocos segundos. Fui al fondo del patio, agarré una pala pequeña pero firme, y le apliqué la guillotina al pobre ratón. Entre pena y asco, agarré los restos, borré las evidencias, limpié la escena del crimen y salí al auto como si nada.
Ella nunca se enteró.
Te cuento esto porque en los negocios y en la vida pasa exactamente lo mismo.
Tus clientes no quieren ver el desastre. No quieren ver al ratón agonizando ni enterarse de tus problemas operativos. Quieren resultados y tranquilidad.
Y para lograr eso, como dueño de negocio, muchas veces tienes que agarrar la pala. Tienes que tomar decisiones incómodas, actuar rápido y comunicarte con firmeza para resolver el problema antes de que explote.