Hoy ha sido un día duro.
A veces nos enfrentamos a días donde pareciera que los problemas se ponen de acuerdo para atacar en bloque. Te inunda esa paranoia de pensar que el mundo entero está en tu contra, que cada puerta que tocas es un callejón sin salida, y que las dificultades están ahí solo para demostrarte que no vas a ser capaz de lograrlo.
Justo hoy, mientras lidiaba con esa sensación de agotamiento, llegó a mis manos un mensaje de la nada.
Hablaba de un concepto que en mis 35 años de calle nunca había escuchado: la pronoia.
Es exactamente el reverso de la medalla de la paranoia. La pronoia plantea la sospecha de que el universo, en realidad, está conspirando a tu favor.
Que todo lo que nos ocurre, por muy malo o pesado que parezca en el momento, está diseñado para hacerte crecer, para obligarte a aprender y para forjarte una resiliencia de acero.
Ojo, no se trata de conformismo ni de ese optimismo tóxico y barato que abunda en internet. Se trata de tener la frialdad de encontrar en lo terrible —que al final casi nunca es tan terrible— el entrenamiento pesado que te hará más fuerte para la próxima venta, el próximo cliente o la próxima crisis.
Te confieso que la pronoia me salvó el día de hoy. Me arregló el panorama en el momento justo.
Si hoy tuviste uno de esos días donde los problemas te atacaron en bloque, acuérdate de este concepto. Quizás solo te están entrenando para lo que viene.