Esta mañana fuimos al banco con mi mujer. Ambos teníamos un par de pendientes, poca cosa.
El primer banco estaba un poco atochado pero vendían café, lo que hizo más agradable la espera. No tardó en llegar el turno de ella cuando notamos al frente nuestro a un par de señoras que ya pisaban los 80 años. Una de ellas empezó a desvanecerse.
Mi mujer me dijo: "ve qué puedes hacer", y otras personas también se acercaron a ayudar.
Tuvieron que recostarla en el suelo porque estaba sufriendo un colapso. Mientras trataban de reanimarla, llamaron a una ambulancia y a un familiar desde su celular.
Por un momento pensamos que partiría ahí, en el piso de un banco. No junto a su familia, en su cama.
Era lunes y teníamos varias cosas pendientes cada uno, pero todo perdió importancia al ver a la pobre mujer en el suelo. Afortunadamente, logró reanimarse.
Cuando eso pasó, nos fuimos más tranquilos. Nos tomamos de la mano para ir al otro banco, pero ya sin el apuro de los compromisos pendientes. Disfrutamos esa pequeña caminata, no como si fuera la última, sino como si fuera la primera de muchas.
Mi consejo no solicitado de hoy: disfruta de la vida y prioriza lo importante. Verás lo fácil que es distinguir lo que de verdad importa.
Y en los negocios pasa exactamente igual.
A veces pasamos la vida estresados, angustiados por ventas que no cierran o perdiendo horas frente al computador intentando escribir algo que funcione, en lugar de estar viviendo.
Prioriza tu tiempo. Si quieres dejar de sufrir para vender y recuperar esas horas para caminar tranquilo con los tuyos, aprender a escribir de forma persuasiva es el atajo.