Este es mi segundo correo de hoy.
El de ayer te llegó hace un rato. Se me desordenó el día con la visita a mi viejo, y quedó atrasado.
Hoy me llamó un cliente. Me contó que cerró su fábrica de cervezas. Partió con otro proyecto.
No hubo vergüenza en su voz. No hubo drama. Había foco, había esperanza, había ganas.
Me dijo: "Viejo, no podemos parar. Hay que seguir. Así se logra. Así se disfruta la vida."
Colgué y me senté a escribir el correo de hoy. Ahí me di cuenta del error: dos correos, un mismo día.
Y seguí, tal como me dijo él.
Llevo muchos días escribiendo sin faltar. Me encanta hacerlo. Cuando me equivoco, no me frustro. Lo arreglo y avanzo.