Hace menos de una hora se fueron mis sobrinos.
Vinieron con mi cuñada a pasar el fin de semana. Con mi señora actual no tenemos hijos, y los míos, de mi primer matrimonio, ya son grandes — así que ver la casa llenarse de nuevo con juegos y risas de niños chicos fue un regalo.
Hay algo de ellos que quiero contarte. Su mamá se ha empeñado en mantenerlos lejos de las pantallas — celular, tablet — y hoy eso es casi una campaña titánica, que le demanda una energía enorme a ella y a los adultos alrededor. Yo aporté mi granito: les enseñé a jugar Carioca.
Tienen 7 años los mellizos. Seguro piensas "pero cómo, tan chicos jugando un juego de grandes" — capaz que debí preguntar antes, pero verlos jugar, con esa agilidad mental, no tiene precio. El resto del día se lo pasaron inventando juegos, gritando, riendo, saltando, corriendo con mis perritas.
No sé si yo sería capaz de sostener esa disciplina y no caer en la tentación de "adormecerlos" con una pantalla, la misma a la que casi todos andamos medio enganchados. Vieron algo de YouTube, sí, pero la mayor parte del día estuvo en cosas más importantes.
Terminamos exhaustos y orgullosos — de esos niños y de su madre.
No todo tiene que vender algo. A veces el mejor relato es simplemente contar lo que te alegró el fin de semana.
¿Tienes algún sobrino o hijo que también se resista a las pantallas? Cuéntame.