Tengo muy pocos amigos, pero de los buenos.
Uno de ellos es un gran publicista, un tipo al que admiro muchísimo. Él me lee todos los días.
Hace un tiempo, cuando empecé a escribir, se convirtió en mi primer "soft hater", por así decirlo. Fue muy amable, pero me preguntó qué pretendía con estos textos y se apuró en aclararme algo: "Yo no necesito tus servicios, y la venta por correo no es para mí".
Sin embargo, fue el primero en contestar. Fue, aunque no lo quiso, mi primer prospecto en rechazar mi oferta. Y la ironía es que, a pesar de su escepticismo, me ha leído entero. Sin falta.
Nuestra historia viene de lejos. Hace años, estuvimos a punto de trabajar juntos. Me invitó a armar una empresa con él, pero justo en ese momento yo había tomado la decisión de irme a probar suerte a Paraguay.
A él le fue increíble. Construyó un negocio tremendamente exitoso.
Durante mucho tiempo me pregunté si rechazar esa sociedad había sido un error garrafal. Pero hoy, mirando hacia atrás, tengo la certeza absoluta de que el camino que fijé fue el mejor.
No porque el suyo fuera peor, ni porque el mío fuera más fácil, sino simplemente porque fue el que yo elegí. Y cuando tú eliges tu propio camino, asumes las consecuencias y lo haces funcionar.
Hoy estamos él y yo en la misma lucha. En trincheras distintas, pero empujando el carro, con muchísimo por hacer y por entregar.
¿La lección de negocios de hoy?
En las ventas y en la empresa vas a tomar decisiones que te alejarán de negocios que parecían seguros. Vas a dudar. Vas a tener escépticos (incluso entre tus amigos). Pero si mantienes la constancia firme y te haces dueño de tu decisión, las cosas siempre terminan mejorando.