Desde febrero retomé el gimnasio con regularidad. Los avances en mi rodilla operada se sienten.
Pero no es del gimnasio de lo que te quiero hablar.
Logré ir 3 veces por semana porque elegí la hora que más me acomodaba: las 7 de la mañana.
Este año ha sido más lluvioso y frío que otros. Eso dificultó la levantada.
Aun así, es un hábito instalado. Vencí cada vez que costó.
Después del día más corto del año, las mañanas ya están más claras. Mucho más fáciles de abordar.
Hoy se notó con más fuerza que otras veces. Fue como una recompensa a la constancia.
La misma constancia que tengo para escribir.
Mi amigo todavía no entiende por qué lo hago. Yo sí tengo claro el objetivo.
Escribir todos los días, como levantarse a las 7, no siempre se siente bien. Pero la luz llega después, no antes.