Hoy tuve un par de reuniones fuera de la oficina.
Me fui a pie. Caminé hasta el metro, subí escaleras, bajé escaleras.
Y en una de esas me di cuenta de algo que no había notado: la rodilla operada está mucho más firme.
Hace unos meses le pedí a mi entrenador que cambiáramos los ejercicios. Que los pensáramos para el tenis, porque quiero jugar mejor.
No le pedí más peso. Le pedí otra dirección.
Ese cambio hoy se siente en los pies. Y sobre todo en la rodilla.
Me quedé pensando en eso todo el camino de vuelta.
Uno puede levantarse todos los días y cumplir la rutina. Ir al gimnasio, hacer lo que toca, sentirse responsable. Pero si no le pones intención, das vueltas en el mismo lugar.
Hay que trazar un destino. Y después planificar cómo llegar.
Llevo meses escribiendo estos correos, de lunes a viernes. Esa rutina no la voy a soltar.
Pero ahora le quiero poner dirección: que lleguen a más gente.