Hoy estaba frente a la pantalla, bloqueado. No sabía qué escribir. Pero el teléfono sonó y me resolvió el problema.
Era mi vecino de enfrente. Jugamos tenis de vez en cuando y charlamos harto. Él no es un aparecido; es un tipo de buen colegio, buena universidad y actual Gerente Comercial de una gran empresa de repuestos automotrices.
Yo lo había agregado a esta lista sin avisarle.
Me llamó para decirme que le estaban gustando mucho mis correos. Y como buen gerente, con mentalidad de negocios, me lanzó un balde de agua fría. Me preguntó:
— "Jaime, los correos son buenos, pero si alguien se interesa... ¿qué le vas a vender? ¿Tienes un producto? Tienes que tener un plan, no sirve que solo le digas a la gente que tienes experiencia".
Me quedé pensando. Su análisis de manual universitario y basta trayectoria es correcto: la experiencia en el aire no se puede facturar.
Pero en la calle, la cosa es distinta. Yo no vendo "experiencia abstracta" ni charlas motivacionales.
Lo que yo vendo son atajos.
Vendo la capacidad de mirar la estrategia comercial de una empresa y decirles en unos minutos: "Por ahí no es, te vas a estrellar, porque yo ya me estrellé en esa misma curva en 1999".
Mi vecino tiene razón: hay que tener un plan. Y mi plan es que las empresas dejen de perder plata enviando correos invisibles o diseñando empaques que nadie mira.