¿Has notado que los días pasan volando?
Esa es la queja constante de todo el mundo. Que el día no alcanza, que las horas se esfuman y que siempre falta tiempo para terminar lo que hay que hacer.
Llevo apenas cuatro días desconectado. Estoy casi sin internet y con mis actividades cotidianas en pausa total. Salvo esta escritura diaria que me prometí no interrumpir, dejé todo el resto de las cosas en la sala de espera para poder descansar de verdad.
Y me di cuenta de algo.
Al tercer día, noté que el reloj por fin tomaba un ritmo más cansino. El tiempo empezó a ir más lento. Y de pronto, sentí una sensación rarísima que tenía casi olvidada: la grata sensación del aburrimiento.
Hacía mucho tiempo que no me pasaba y ha sido profundamente satisfactorio.
Te lo cuento hoy porque a veces se nos olvida el valor vital que tiene detenerse.
Como alguien que ha estado cerca del mundo coral y los escenarios, te puedo asegurar algo: la pausa es tan necesaria como las notas. Es el silencio el que le da sentido a la melodía. Sin el silencio, la música no es música; es solo ruido.
En la vida y en los negocios pasa exactamente igual. Si no te detienes a aburrirte de vez en cuando, tu día a día se convierte en un ruido ensordecedor que no te deja pensar, ni ver el camino con claridad.
Hoy sigo cumpliendo mi promesa de esta semana de descanso. Sin enlaces, sin ventas, sin empujar nada.
Solo quería compartirte este pensamiento y desearte que, ojalá, puedas encontrar un momento en tu semana para aburrirte un rato.