Mi mujer cocina espectacular. Le encanta, pero entre el trabajo y el tiempo, no siempre alcanza.
Yo, hasta antes de casarme, no salía de los tallarines con salsa. Ni siquiera espaguetis a la boloñesa — eso ya es otro nivel.
Hoy encontré a Álvaro Barrientos en YouTube y aprendí a hacer Osobuco al vino tinto con arroz graneado. Hasta una tortilla de porotos verdes me saqué. Esperé a mi mujer con una copa de vino tinto y me lucí.
La internet tiene mucho de malo, pero también tiene esto: un tipo que te enseña a cocinar como tu mamá, con una receta que funciona siempre, explicada tan bien que cualquiera la puede seguir.
Porque ese es el detalle: no basta con cocinar bien. Hay que saber explicarlo. Su comunicación es tan buena como su comida.
Este cocinero es el último reducto que nos queda de la cocina casera — esa que hacía tu mamá, y la mía. Se está perdiendo, no por falta de ganas, sino porque casi nadie sabe enseñarla bien.
Llevo 35 años vendiendo, y ahora con la escritura estoy mejorando la forma en que llego a mis clientes. Ahí entendí algo parecido a lo de Álvaro: no basta con tener el oficio, hay que tener una receta que funcione siempre, no una vez sí y otra no.