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La bicicleta azul con frenos de varilla

21 de julio de 2026

Hoy ando con el pecho un poco apretado, pero con el corazón lleno.

Mi viejo vive en Talca y nos vemos poco. Hoy nos juntamos, lo acompañé a comprar remedios, paseamos a las perras y lo traje a quedarse a mi casa hasta mañana. Al mirarlo a los ojos, vi pasar los años de golpe.

Y me acordé de cuando era un niño en Puente Alto.

Él tenía una bicicleta azul con frenos de varilla. Me sentaba en un fierro acojinado justo delante de él, entre su pecho y el manubrio. Mientras avanzábamos por la calle 29, yo miraba la rueda delantera girar sin parar contra el cemento. Apoyaba mis manos chicas sobre las suyas en el manubrio.

Y te juro que sentía que era yo el que manejaba la bicicleta.

He pasado por mil batallas con mi viejo. Buenas, muy buenas, y también de las malas, de las muy malas. Pero la conexión está intacta. Soy lo que soy gracias a él. Él pedaleaba en silencio por detrás para que yo sintiera que tenía el control.

En los negocios pasa una pendejada idéntica.

Muchos dueños de boliches creen que tienen el control de su manubrio, pero en realidad tienen a una agencia de marketing pedaleando por detrás, cobrándoles una fortuna y decidiendo el rumbo. El día que la agencia se cansa o te suelta, te vas al suelo.

Si quieres tomar el manubrio de tus ventas de verdad, tienes que aprender a pedalear tú mismo con tus palabras. Sin intermediarios.