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Juan y Guillermo (y el entierro de Serapiojento)

13 de julio de 2026

Este 15 de julio se cumplen 6 años de la muerte de mi madre.

Te he hablado harto de las enseñanzas de ventas de mi viejo, pero muy poco de mi mamá. Todos decimos que la nuestra es la mejor del mundo, pero la mía tenía historias de esas que a uno no se le van a olvidar nunca.

Su hermano menor, que todavía vive —eran 10 hermanos, hoy van quedando solo 2—, era su gran socio. De hecho, tenían nombres de socios comerciales: se hacían llamar Juan y Guillermo. Ya ni me acuerdo cuál de los dos era mi mamá.

Vivían en el Puente Alto de antes, cuando todavía había cientos de hectáreas de viñas. De esas que hoy casi no existen.

Su juego favorito era lanzarse a los colosos que trasladaban las uvas en plena vendimia. Una locura hermosa.

Un día, los "socios" se encontraron un pájaro muerto. Decidieron darle santa sepultura con todos los honores. Le hicieron una fosa, le plantaron una cruz y le fabricaron una lápida con su nombre grabado.

"Serapiojento" le pusieron al finado.

Historias de una niña que ya jugaba a ser mamá. Nos llevábamos por apenas 19 años, así que para mí era casi como una hermana mayor. Hoy se me vino este recuerdo a la cabeza y quise compartirlo.

Hoy no hay nada que vender. Hoy es solo para recordarla.

¿Te acordaste hoy de agradecer a los socios de travesuras que te dio la vida?