Estamos con urgencia por unas maquetas que se van a México el lunes.
Pedí unas impresiones digitales apuradas para cumplir con el cliente. La chica que nos atiende me preguntó cuánto tiempo llevaba trabajando con el mismo diseñador — a estas alturas, un buen amigo.
Le contesté: ya perdí la cuenta. Son muchos años.
Le llamó la atención. No me dijo por qué, pero creo que puedo intuirlo.
Las empresas hoy sufren una fuerte rotación laboral. Según las estadísticas —las revisé, no es un tufo— el promedio pasó de 4-5 años a entre 2 y 3. No te voy a dar la lata con eso.
Es evidente que los jóvenes, y no tan jóvenes, buscan la movilidad como forma de aprender y de mejorar sus ingresos.
En mi empresa tengo un par de puestos clave que llevan ya mucho tiempo. La experiencia ganada entre nosotros se nota.
Entiendo lo de la movilidad y la rotación. Pero creo que el crecimiento de una persona en la permanencia tiene un valor económico indudable. También la amistad y la confianza.
Yo busco el equilibrio.
A mí me pasa lo mismo escribiéndote todos los días. No ando saltando de estilo en estilo buscando la fórmula que funcione más rápido. Me quedo con el mismo hábito, y ahí está el resultado.