Me gusta el básquetbol, aunque confieso que lo jugué muy poco en mi época de colegio.
Hace muchos años le regalé una pelota a mi hijo menor (tengo tres). Los invité a una cancha del barrio para enseñarles lo poco y nada que sé de este deporte, y de paso, tratar de impresionarlos un poco.
Estábamos los cuatro solos en la mitad de la cancha. Mientras dábamos botes, me puse en modo "padre sabio" y les empecé a hablar de la concentración, la convicción y el enfoque.
Eran niños. Me miraban como si les estuviera hablando en chino.
Así que decidí pasar de la teoría a la práctica. Los miré y les dije: — "La convicción lo es todo. Les haré una prueba. Voy a lanzar al aro de espaldas. Mediré la distancia y voy a encestar al menos una vez".
Me miraron con una incredulidad tremenda.
No importa si tú leyendo esto tampoco me crees, pero la realidad es que encesté 3 de 5 tiros. Mis hijos quedaron con la boca abierta. Y te confieso que, por dentro, yo también.
Pero esa tarde en la cancha descubrí algo en la práctica. La convicción y el enfoque real te permiten lograr cosas que en el papel parecen ridículas o imposibles.
Y en las ventas pasa exactamente lo mismo.
Hay gente a la que no le gusta vender. Pero la venta es como la vida: no puedes evitarla. Lo hacemos todo el tiempo. Incluso cuando alguien te dice "es que a mí no me gusta vender", te está vendiendo con mucha convicción la idea de que no quiere hacerlo.
Vender es como respirar. Por más que no te guste, tienes que hacerlo todo el tiempo para sobrevivir.
El éxito solo depende de con cuánta convicción tiras la pelota cuando estás de espaldas al aro.