Eran las 2 de la tarde de un caluroso enero del 99.
El calor me tenía aturdido dentro del auto, esperando una carrera. Las calles estaban vacías; todo el mundo le hacía el quite al sol. Sentía esa angustia de depender de que la radio central me asignara un viaje para poder salvar el día.
El auto no era mío, era del banco. Debía cada cuota.
¿Por qué te cuento esto?
Porque hoy veo equipos de venta operando exactamente igual.
Tienen productos excelentes y el respaldo de organizaciones serias, pero mandan correos que parecen el manual de una lavadora. A veces los "arreglan" con IA, pero la esencia robótica no puede ocultarse. Son asuntos que solo invitan a borrarlos.
El resultado es el mismo: el cliente tomó otro taxi y a ti te dejó esperando.
En la CMPC aprendí el oficio, pero en el taxi aprendí que, en los negocios, ser invisible es estar muerto.
Si tus ejecutivos están enviando correos que van directo a la papelera y se quedan esperando a que "algo pase", quizás podamos hablar.
Yo no enseño gramática ni marketing de manual. Enseño a que tus correos dejen de ser ruido y se conviertan en una opción real para tu cliente.