El domingo fuimos a tomar desayuno fuera con mi mujer.
Es un ritual que me encanta, así que buscamos una cafetería a la que ya habíamos ido y que casi no tiene fallas. Y subrayo el "casi".
Te hago el resumen corto de la comida: un café espectacular y muy bien preparado. Huevos escalfados 10 de 10. Y un queque de vainilla, calentito, espolvoreado con azúcar flor, que solo de acordarme del aroma me da hambre de nuevo.
La cocina era una sinfonía perfecta.
El único gran detalle... es que nos tocó un mozo con cara de culo.
No sé si estaba triste, si le pagan mal, o si simplemente odiaba estar trabajando un domingo. Anda a saber tú. La cosa es que se demoró una eternidad en traer las cosas, olvidó la mitad de los pedidos y nos tiró los platos en la mesa sin una gota de ganas.
La lección de negocios de hoy
El relato completo de esa cafetería maravillosa estaba en las manos del tipo que nos llevó el pedido. A mí como cliente me da lo mismo si el chef estudió en París o si traen los granos de café desde Colombia en un cofre de oro. Si el remate final está mal ejecutado, la experiencia se arruina.
En los negocios B2B y en la venta de servicios profesionales, pasa exactamente lo mismo todos los días.
Tienes empresas con productos de primer nivel. Tienen profesionales brillantes, oficinas increíbles y entregan un servicio de 10 puntos (el queque de vainilla).
Pero cuando llega el momento de salir a vender, envían un correo frío, aburrido y genérico. O presentan una cotización confusa. O tienen una página web que no le habla a nadie.
Su comunicación corporativa tiene "cara de culo".
Y por culpa de ese último eslabón, pierden ventas millonarias a manos de competidores que quizás tienen un producto peor, pero que saben cómo entregarlo y contarlo.
Atiende mal tu negocio (o comunícalo mal), y lo perderás sin remedio.