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El gorrión de la caja de cartón

6 de octubre de 2026

La lluvia mata pajaritos.

Esta noche escucho la lluvia y trato de recordar otra así de intensa en octubre. Me cuesta. Pero me acordé de una.

Fue la vez que intenté salvar a un gorrión.

Era muy pequeño. Se había caído de algún nido. Lo tomé en mis manos y apenas se movía.

Se lo mostré a mi mamá y me ayudó a armarle un nido en una caja de cartón, con unos trozos de tela.

Pero no sabía qué darle de comer. Probé con pedacitos de pan. Con arroz.

No había Google. Era lo que te imaginabas y lo que tu mamá te decía.

En esa época los cabros chicos andaban con hondas disparándoles a los pájaros. Era raro cuidar uno. Pero me daba pena verlo solo y desamparado.

Fueron tres días de cuidados. De esos que no sirven mucho. Me sentía impotente porque el pajarito no daba luces de mejoría.

Hasta que ocurrió el milagro: empezó a moverse. Quería escapar.

Todavía llovía a ratos, pero ya no podía tenerlo encerrado. Lo agarré como pude, fui al patio y lo dejé volar.

Apenas voló. Se quedó en el suelo, sin moverse.

Lo observé un buen rato. Pero ya no podía seguir cuidándolo. Tenía que dejarlo.

Nunca supe si se salvó o murió.

Lo que sí sé es que hice todo lo que pude con lo que tenía. Y que es una experiencia que nunca voy a olvidar.

Hoy escucho la lluvia y me pregunto cuántos pajaritos no van a sobrevivir esta noche.