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El auto se vendió con la batería mala

4 de marzo de 2026

Invierno de 1982. Llovía a cántaros, hacía un frío que calaba los huesos y eran las 6 de la mañana de un martes.

Mi papá se preparaba para salir a su turno de mañana en la Papelera.

Tenía un Fiat 600 que él mismo había pintado de un orgulloso "rojo italiano". Lo habíamos armado casi de cero porque estaba lleno de óxido, pero el gran detalle es que la batería estaba mala.

La única alternativa para que partiera era empujarlo.

Teníamos una rutina aprendida y ejecutada a la perfección mil veces. La calle Leonardo Da Vinci tenía una pequeña pendiente que ayudaba. Mi papá corría por fuera con la puerta abierta afirmando el volante, y yo iba detrás, empujando a todo pulmón bajo la lluvia.

Apenas el "Fito" agarraba vuelo, mi viejo se lanzaba a la cabina y yo me quedaba solo atrás, empujando con todo lo que tenía hasta que el motor tosía y partía.

No sentía el frío. Solo sentía una tremenda satisfacción al verlo encender las luces e irse a trabajar. De hecho, tiempo después, el auto se vendió con esa misma batería mala.

¿Qué tiene que ver esto con las ventas o los negocios?

Todo. Fui educado con amor, pero con el rigor de levantarse temprano a hacer lo que hay que hacer.

En los negocios, cuando el motor no parte con la llave, hay que bajarse a empujar. Y mi papá confiaba a ciegas en que yo no iba a soltar la maleta del auto hasta que encendiera. Esa es la confianza exacta que un líder debe tener en su equipo.

Si tu equipo comercial no está dispuesto a empujar bajo la lluvia, tienes un problema.