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Contra el tránsito en el temporal de 1997

15 de julio de 2026

En 1997 yo trabajaba en Marinetti. Hartos viejos de Grafex se habían ido a esa pega por una promesa vital para no quedar botados: el bus de acercamiento. Si eres de Puente Alto, sabes que esa micro era la vida misma.

El jueves 12 de junio de 1997 empezó el temporal a mitad de turno. En ese tiempo no había celulares ni internet. La tele avisaba lo que podía y la voz corría rápido, pero la orden de salida no llegaba nunca.

Nos soltaron tarde, cuando el infierno ya estaba desatado en Santiago.

Por Vespucio, a la altura de Miraflores, la micro avanzaba a tirones, pero avanzaba. El verdadero drama fue entrar al centro para dejar a los trabajadores que bajaban ahí. La ciudad era una laguna gigante. Desvíos, tacos eternos y, en una de esas vueltas, terminamos metidos en San Diego avanzando contra el tránsito.

Sin celulares para avisar a las familias, nos enterábamos de las inundaciones metiendo las ruedas de la micro al agua.

Llegué a mi casa a las doce de la noche. Mojado, incomunicado y con la certeza de que la naturaleza siempre se encarga de recordarnos lo insignificantes que somos.

A veces el camino se inunda y hay que meter desvíos.