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Con las luces apagadas

29 de octubre de 2026

En el mismo Fiat 1100 de la rueda escapista fuimos al Lago Rapel.

Pero ahí la cosa se puso bien fea. Ese viaje fue un verdadero infierno.

Te detallo los errores que llevaron al casi desastre.

Íbamos 8 personas: 4 adultos y 4 niños. Mi viejo cargó el auto hasta que no pudo más. Incluso llevamos una banca de madera.

No una de esas sillas plegables livianas. Literalmente, la banca del patio.

Salimos de la casa a eso de las 7 de la tarde. No alcanzamos a recorrer 30 kilómetros y, a la salida de Santiago, el auto ya tenía problemas eléctricos.

Nos detuvimos en la carretera. El auto se apagaba si mi viejo encendía las luces. Como salimos con luz de día, el problema no se descubrió hasta que empezó a oscurecer.

Mientras mi viejo revisaba, mi mamá nos dio algo de comer. Sí, a la orilla de la carretera.

Mi viejo bajó el capó y dijo: vamos a seguir.

Andábamos en caravana con otros amigos. Mi viejo les contó el problema y tomó la decisión que trazó el destino:

"Vamos a ir con las luces apagadas. Ustedes van adelante. Así llegamos al lago y allá arreglo el problema".

Y así fue. Con un criterio que se alejaba de cualquier sensatez.

Ya camino al lago, nuestro centinela se nos alejó un poco y quedamos en la carretera en total oscuridad. Justo en una curva.

Yo lo vi todo en primera fila. Iba en el asiento de adelante, pero no de copiloto: iba en medio de mis papás.

Sí, ahí iba. Sin cinturón, por supuesto. Sin airbags. Sin silla de niño. En el Fiat 1100, con problemas eléctricos y cargado hasta los alamitos.

En sentido contrario venía un bus. Desde mi perspectiva venía zigzagueando: se pasaba de su pista a la nuestra, hasta que quedamos casi enfrentados.

Recién ahí el bus nos vio.

Mi viejo logró hacer una maniobra para esquivarlo. Fue un segundo. Nadie gritó.

Evitó el choque frontal. Y también evitó una pared de roca que estaba a la orilla del camino.

Logramos llegar al camping. Todo fue un desastre, pasaron mil cosas.

De vuelta pasamos por el lugar del casi accidente.

La roca que vimos esa noche no era tal.

Era una quebrada profunda.

Si hubiéramos caído, no te estaría contando esta historia.