Son pasadas las 9 de la noche. Mi cabeza ya casi no da, pero el hábito no se rompe.
Tuve el privilegio de cantar en el coro de la Universidad de Chile. Lamentablemente, fue solo por un año. Los horarios y el trabajo me pasaron la cuenta y tuve que dejarlo. Es una de esas deudas pendientes que tengo con la vida.
Tengo algunos conocimientos de música, pero nada demasiado profundo. Y de idiomas... de inglés sé muy poco, a decir verdad.
Sin embargo, logré cantar en ruso. En serio.
El director del coro en aquella época era el maestro Guido Minoletti, un tipo excepcional. Nos estábamos preparando para interpretar Alexander Nevsky, una obra compleja.
Minoletti tenía una capacidad brutal: no nos enseñó gramática rusa, pero con un relato preciso, instrucciones exactas y una dirección magistral, logró comunicarnos exactamente cómo debíamos sonar.
Después de cuatro meses de ensayo, todo el coro logró cantar la obra en un ruso perfecto y afinado, junto a la Orquesta Filarmónica en el Teatro de la Universidad.
Hoy, recordando ese momento, me impresiona la capacidad de ese director. Hacer que decenas de personas que no hablan una palabra de ruso suenen de forma impecable, solo usando la claridad de sus instrucciones.
En tu negocio, pasa exactamente lo mismo.
Muchas veces tratas de venderle a tus clientes hablándoles en "ruso" (con tu jerga técnica, tus características de producto, tus procesos internos que nadie más entiende). Y como no hay un buen director comunicando, el prospecto no entiende nada, se aburre y se va a otra parte.
Pero cuando tienes un relato preciso, cuando sabes dar las instrucciones correctas, logras que cualquier persona entienda el valor de lo que haces, resuene contigo y termine comprando.
Saber dirigir esa comunicación y no hablar en difícil es la habilidad más rentable que puedes tener como dueño de negocio.