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4 horas de vida en un bus de acercamiento (1991)

14 de julio de 2026

En diciembre de 1991 se desató un temporal sin sentido en Santiago. Llovió a cántaros y no nevó en la cordillera, así que el Zanjón de la Aguada se desbordó.

Yo trabajaba en Envases Impresos, en la calle Aysén, en San Joaquín.

El lunes llegué temprano a la pega. Fui de los primeros. El guardia me soltó apenas me vio: "No hay pega, cabrito, las oficinas se inundaron de barro y mierda".

Me sonreí nervioso. Entré y lo vi con mis propios ojos: marcas de barro de casi un metro en las paredes y las oficinas totalmente inutilizadas. Medio desorientado, di un par de vueltas y me volví a la casa. Esa fue la última vez que estuvimos ahí.

Unos meses antes nos habían anunciado la mudanza al cordón industrial de Quilicura. Para los que vivíamos en Puente Alto, eso significó gastar casi 4 horas diarias viajando. Aunque la empresa puso buses de acercamiento, perder 4 horas de vida al día arriba de una micro te cambia la perspectiva. Tuvimos que adaptarnos al golpe.

A veces los planes se demoran, pero el cambio viene igual.