Me estoy acostumbrando a escribir tarde. Pero el hábito no se tranza.
Hoy comienza mi semana de vuelta a la realidad. Se acabó la pausa de invierno y volvemos a la carga. Y no sé bien por qué, pero hoy me acordé de algo que calza perfecto con este regreso.
Mientras trabajaba en Paraguay, tuve el privilegio de invitar a mis padres a conocer Asunción. Fue una satisfacción enorme poder mostrarles un lugar nuevo, devolviéndoles la mano por todo.
Fue una aventura pesada. Mis viejos viajaron en bus desde Santiago a Asunción. 27 horas de trayecto.
Pero la recompensa borró cualquier cansancio. Recorrimos Asunción, Ciudad del Este, el Puente de la Amistad, Itaipú y las cataratas.
Hoy mi madre ya no está. Al viejo casi no lo veo, vive en Talca y lleva una vida muy tranquila.
Esa ventana de tiempo se cerró para siempre. Si hubiese esperado el "momento ideal" para pagarles un vuelo cómodo, ese viaje jamás habría existido y hoy solo tendría arrepentimientos.
En los negocios pasa igual. La mayoría se queda en silencio esperando tener la web perfecta o el "momento corporativo ideal" para salir a vender. Mientras esperan, el tiempo pasa y la competencia factura.
A veces tienes que comerte las 27 horas en bus y salir a la calle con lo que tienes. Comunicarte de frente, sin adornos y hoy mismo.