Tenía otra historia para hoy.
Pero cayó tanta agua que me obliga a hablar de esto.
Tengo la suerte de trabajar desde casa. Al fondo del patio tengo mi oficina, aislada de la casa, y eso me permite estar concentrado. Las únicas que me interrumpen son mis perritas. Siempre piden entrar y se acuestan mientras trabajo. Incluso ahora, mientras escribo.
A eso de las 16:00, o algo así, empezó una lluvia tan fuerte que solo se parece a lo que viví en el 82.
Por suerte a mi mujer le tocó trabajar desde casa.
Las calles de Las Condes se inundaron de barro. Un aluvión golpeó el sector más pituco de la ciudad. Arrasó con micros, autos y casas hermosas.
Todo en cosa de 20 minutos.
Mis correos no son para contar estas cosas, pero es imposible quedar ajeno. Las imágenes son impresionantes.
Mientras termino de escribir, veo las noticias. La cosa es más grave de lo que pensé.
Mi única reflexión es cuán pequeños somos frente a la naturaleza.
Mi viejo me enseñó a contar hasta 10 entre el relámpago y el trueno. Para que no me pillara desprevenido.
Hoy no hubo tiempo de contar.
Un abrazo especial a quienes hoy lo están pasando mal.